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Preparar a los hijos para el camino y no el camino para los hijos …
La auténtica educación
Por: AGUA VIVA
Cuando amas preparas a quienes amas para que estas personas se fortalezcan para el camino que deben seguir y no tratas de prepararles el camino para que no encuentren obstáculos a su paso. Entonces, podríamos decir que si todos los padres realmente amaran a sus hijos educarían seres humanos capaces de vivir con responsabilidad, disciplina, afecto, comprensión; los enriquecerían en valores que les permitan llevar una vida digna, honesta y responsable.

Los seres humanos nacemos sin condicionamientos pero son los padres los que se encargan de crearlos en los pequeños desde antes de nacer.

Por ejemplo, hay padres que cuando sus hijos aun están en el vientre les dicen: “bebecito lindo, cuando nazcas vas ser actriz y cantante ya que tu mami no pudo” o el papá que dice: “este chinito va ser futbolista mire como da patadas”, aunque son comentarios inofensivos van creando una tendencia a querer construirles  el camino; cuando están mas grandecitos y entran a estudiar los primeros años, algunos padres  dicen a su hijos “usted mijito no sea bobo, si ese niño te pega, también dale” y en la adolescencia cuando el padre o la madre quiere corregir con agresión  a su hijo que le llego “tomado” es cuando se encuentra con el jovencito que no es “bobo” y es ahí cuando no se deja  corregir.

Cuando colocas una lupa sobre un papel a determinada distancia y el sol penetra sus rayos  el papel termina quemándose o formando fuego, ¿verdad? Los rayos se transforman y transforman a su vez al papel. Eso mismo pasa con los seres humanos .Debemos aprender a utilizar nuestra mente, a llenarla de pensamientos constructivos y ver a las personas, las experiencias, las situaciones del medio como elementos que me ayudan a lograrlo.

No seamos lupas de nuestros hijos, seamos filtros o difusores que graduemos la intensidad solar que ellos necesitan para vivir su propio camino. No les demos tanto que los ceguemos y hagamos torpes para caminar, ni les demos tan poco que no los nutra ni les permitan tengan las fuerzas para luchar y enfrentar los retos que la vida impone.

La auténtica educación tiene como base los valores y ellos se trasmiten a los hijos a partir de ideas constructivas, amorosas y sanas. Todo parte de aquello que decimos a nuestros niños y como se lo decimos porque recordemos que: Si siembras una idea, cosecharás un deseo, si siembras un deseo cosecharás una acción, si siembras una acción cosecharás un habito , si siembras un habito cosecharás un carácter y si siembras un carácter cosecharás y recolectarás un gran destino”.

Tengamos presente que el hombre no posee experiencia porque haya vivido mucho sino porque lo que vivió le sirvió para APRENDER y para alcanzar de esta forma las metas que anhela.  

Dios Padre se vale de todo, de un niño, de un anciano, de una flor, de un hijo, de los animales, de las plantas, para enseñar al hombre el camino correcto. Por eso, debemos mantener los ojos, los oídos  bien despiertos para oír y ver lo que sea importante. Pero son los ojos y oídos de la esencia... y recordemos que nuestro Padre, el primer y mejor educador no premia al hombre por lo que sabe sino que lo premia por lo que hace con lo que sabe.
LA RIQUEZA DE TODOS

Por: AGUA VIVA

En nuestro artículo anterior planteamos la diferencia entre la pobreza y la carencia económica; haciendo énfasis en que la primera crea la miseria en el hombre, se da en la esencia y es la ausencia total de valores. Y la carencia económica, es la estrechez de dinero y las necesidades materiales. También decíamos que la pobreza se ha dejado como un problema que algunos solucionan, (gobierno, fundaciones o grupos religiosos) cuando realmente es un trabajo que cada uno debe emprender, que es de todos y para todos. En contraposición a la pobreza, existe la riqueza.

La verdadera riqueza
La  mayor riqueza, no está en lo mucho que se posee, ni en lo recordado o reconocido que se es,  sino en las maravillosas obras que se realizan con todo lo que el creador del universo nos regala a diario. Es por eso y porque cada uno es un excelente administrador de todos los regalos recibidos, que la  tierra acude a nosotros para que con nuestra ayuda y labor podamos reformar  al hombre, logrando un mundo mejor para todos.

El planeta cuenta con riquezas incalculables que han sido creadas para que el hombre las disfrute,  pero eso se pierde cuando se olvida que la creación ES PARA TODOS y no para unos cuantos; que el sol y la luna sale en el firmamento para cada uno por igual. ¿Será que Dios los coloco ahí, sólo porque no había otro lugar donde ponerlos? o ¿no será que lo que realmente quiere decirle al hombre es que lo que El creó es para beneficio de la humidad y no de unos cuantos?  Recordemos que cada circunstancia, cada etapa de la vida y que en cada cosa que encontramos en la naturaleza hay un SER superior que nos está enseñando y que depende de nosotros el entender ese mensaje.  

La solución
Observemos que cuando el hombre  actúa sólo bajo su interés individual, olvida que su actuar siempre implica un beneficio o un perjuicio colectivo. Entonces, cuando todos trabajemos por un mismo objetivo, utilizando cada uno las herramientas que posee, encontraremos que dejará de existir la desigualdad humana, la explotación y el desequilibrio social en nuestro mundo. Si se logra este proceso de transformación, entonces, podemos estar seguros que los demás problemas de la humanidad serán muy fáciles de controlar. No hablamos sólo de solidaridad, de subsidiar; hablamos de cambio, de transformación del medio que habitamos, de obras a favor de todos,  donde cada uno es responsable de sí y de sus hermanos, donde a pesar de la diferencia en el tener o poseer  hay una IGUALDAD en el ser. Porque todos hemos sido creados por la misma naturaleza y es a ella donde regresaremos al final de nuestros días.

Cuando esto se alcance, el hombre encontrará la GRANDEZA en cada uno de sus hermanos y descubrirá que la RIQUEZA está en la esencia y no en la materia. El truco está, no en solucionar las consecuencias de los problemas, sino en realmente solucionarlos. Por ejemplo: el problema no está en tener niños trabajadores, el problema está en tener padres irresponsables. El problema de la deserción escolar no es que los niños trabajen, el problema es la falta de interés infantil por asistir a la escuela. Cuando el ser humano no está motivado, es cuando deja de lado las cosas, sin importarle las consecuencias. Si los niños no le encuentran sentido a ir a clase, si los padres no ven futuro en que sus hijos vayan a la escuela, entonces, ni los unos ni los otros se interesarán en que se estudie. 

Pero cuando encontramos algo agradable que nos causa beneficio, no importa que tan difícil sea;  lo trabajamos con tenacidad, como lo hacen por ejemplo, los buscadores de oro o de esmeraldas. ¿Entonces trabajarle al cambio del mundo será más difícil que remover tierra de las profundidades, donde debemos siempre mantener en riesgo nuestra existencia y la de los seres que amamos, con el único objetivo de conseguir nuestros sueños?

Nos preguntamos muchas veces porque los grandes gobernantes del mundo se preocupan tanto por la deserción escolar, cuando realmente debería preocuparles la deserción humana; pues muchos dejan de ser hombres para convertirse simplemente en un animal más, que sólo actúa por instintos y por momentos, que deja de lado la escuela de la vida donde realmente se aprende, para dedicarse a las escuelas científicas. Que importante sería que junto a la adquisición de conocimientos se trabajara también en la manutención de los valores con los cuales hemos sido creados y que desde niños poseemos, hasta que el hombre decide  cambiarlos, creando clases sociales, credos distintos, clases políticas; en fin, cualquier cantidad de títulos que distorsionan la razón por la cual estamos en el mundo. Jesús siempre encontró la fascinación en los niños y la sabiduría en los ancianos; sería un buen ejemplo a seguir, tener un corazón de niño y el proceder sabio de un buen anciano.

Quisiéramos conocer sus comentarios sobre este artículo, así que pueden escribirnos al correo electrónico: admin@juanestebantv.com


LOS BUENOS HABITOS SIEMBRAN LOS GRANDES VALORES, LOS GRANDES VALORES ORGANIZAN Y GUIAN LA VERDADERA VIDA DEL HOMBRE.


El valor del desprendimiento consiste en saber utilizar correctamente nuestros bienes y recursos evitando apegarnos a ellos y si es necesario, ponerlos al servicio de los demás.

El desprendimiento como valor se origina al reconocer que todos tenemos necesidades y unos podemos tener mas carencias que otros. En cualquier situación debemos superar nuestro egoísmo e indiferencia para colaborar con el bienestar de los demás, no importa si es mucho o poco lo que hacemos, lo importante es tener la conciencia de ofrecer algo, de aportar.

Es importante tener presente que en la generosidad que requiere el desprendimiento no cabe el ofrecer algo que nos sobra. El valor del desprendimiento tiene que ver con varios aspectos, entre ellos: la importancia que le damos a las cosas, el uso que hacemos de ellas y la intención que tenemos para ponerlas al servicio de los demás.

En ocasiones vivimos y trabajamos sin descanso para poseer aquello que tanto nos ilusiona (autos, joyas, ropa, aparatos, etc.) y nuestra vida se mueve a ese compás, sin embargo, si
no tenemos cuidado puede llegar el momento en que a pesar de la insatisfacción que nos produce llenarnos de cosas, pretendemos que éstas llenen un vacío interior.
Preguntémonos si alguna vez hemos repetido una de las siguientes frases: “cuidadito me ensucia el carro porque tenemos problemas”,  “a mi cuarto NADIE entra y mucho menos a tocarme MIS cosas”, “a mi NO me pidan favores que no tengo tiempo ni para lo mío”. Estas expresiones reflejan a una persona apegada a lo que  tienen. Debemos recordar que en el orden de los afectos, las personas y su bienestar ocupan el primer lugar antes que nuestra persona misma o lo que poseemos.

Existen personas que materialmente ponen el corazón en las cosas materiales. A veces por los recuerdos que evocan, pero en otras debido al valor económico que tienen o simplemente por el trabajo que supuso adquirirlos. A esta particular forma de afecto se le llama apego y de ninguna manera se relaciona con el hecho de cuidar las cosas y hacer buen uso de ellas.

Cuando nuestro aprecio es mayor por las cosas que por las personas, nos parece absurdo compartir lo que tenemos, o en su defecto lo hacemos a regañadientes. El desprendimiento supone un esfuerzo para superar ese sentimiento de posesión y exclusividad de lo que poseemos para ofrecerlo gustosamente a los demás.

No debemos confundir el desprendimiento con el hecho de deshacernos de todo aquello que no utilizamos, que es inservible o se ha convertido en un estorbo, esta actitud manifiesta poco respeto por la persona que lo recibe, independientemente de su condición y situación actual. Somos tan soberbios que consideramos un insulto recibir algo de segunda mano, ¿por qué los demás deben soportar lo que nosotros consideramos desprecio?

Puede parecer que este valor se enfoca únicamente a objetos, pero nuestros recursos van más allá de lo que se puede tocar, poseemos conocimientos,
cualidades y habilidades que muchas veces nos cuesta trabajo poner a disposición de las personas, porque requiere prescindir de nuestro descanso, gustos, preferencias y comodidades para llevarse a efecto
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 Puede parecer que este valor se enfoca únicamente a objetos, pero nuestros recursos van más allá de lo que se puede tocar, poseemos conocimientos, cualidades y habilidades que muchas veces nos cuesta trabajo poner a disposición de las personas, porque requiere prescindir de nuestro descanso, gustos, preferencias y comodidades para llevarse a efecto.

Nos sorprendemos con el médico que atiende enfermos sin cobrar honorarios; personas que pasan los días trabajando en obras de caridad; profesores que trabajan horas extras desinteresadamente; padres de familia que se niegan gustos y diversiones personales pOR pensar en su familia; lo más inaudito es que muchos de ellos no viven en una condición del todo desahogada. El verdadero desprendimiento no tiene medida, sin calcular cuánto es lo indispensable para cumplir, es una entrega generosa de todo, Sí, de todo lo que tenemos.

Para vivir el desprendimiento puedes:
Hacer una lista de las cosas que tiene y determinar cuales realmente necesitamos y cuales son caprichos, vanidades, etc.

- Ayudar a una obra de caridad haciendo una aportación significativa, de acuerdo con tus posibilidades.

- Enseñar a otros algo que sepas hacer bien (sin olvidar de enseñarles los “secretos” que pudieras atesorar sobre el tema)

- Regala o dona un bien al que sientas que te has apegado.

- Procura decir más veces “si” cuando te pidan algo prestado sin poner pretextos.

El valor del desprendimiento ayudará a nuestra sociedad al convertirnos en personas más altruistas y generosas, brindará un mejor ambiente en nuestras relaciones con amigos y familiares y nos convertirá en personas que tienen el corazón puesto en el lugar correcto.
La siembra de los valores en los seres humanos sera la unica herramienta que el hombre posee para cambiar el mundo, para conformar un mundo ideal, un mundo de amor.

Tomas.
 

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